Podemos definir el diseño industrial como la apariencia de la totalidad o de una parte de un producto que se derive de las características especiales de líneas, color, forma, textura, o material del producto.
Hay dos requisitos para poder registrar los diseños: que sean nuevos, es decir, que ningún otro idéntico haya sido accesible al público y, que tengan un carácter singular, es decir, que produzca en el usuario una reacción nueva y diferente a la que produce cualquier otro diseño ya en el mercado.
El nivel de protección del diseño puede ser nacional, a nivel comunitario con efecto en toda la Unión Europea, y a nivel internacional.